Nombre: - Drakara
Carácter: – Ella se alza imponente con 1,95 metros de altura esbelta y de complexion atlética, una figura que domina cualquier estancia sin necesidad de alzar la voz. Su presencia no es solo cuestión de tamaño, sino de postura: espalda recta, mentón firme y una mirada afilada que parece medir constantemente a quien tiene delante. no le gustan las bromas tiene los objetivos muy claros ademas de enfadarse muy rápido
Edad: – 25años
Peso: – 95 kg atlética fuerte
Altura: -1,95 m
Raza:dracónido
Clase:picaro
Historia:Nació de un huevo enterrado en las profundidades de los Páramos de Arena, un mar abrasador azotado por tormentas de relámpagos. Nunca conoció el calor de una guardia parental ni escuchó una voz que la llamara por su nombre. Su primer recuerdo fue romper el cascarón bajo un sol cegador, rodeada de dunas infinitas y el eco lejano de una tormenta. Los dragones azules de los antiguos cantos eran vanidosos y territoriales, pero ella no tenía territorio que reclamar, solo su vida. Aprendió a sobrevivir porque el desierto no perdona a los débiles. Su hogar fueron las ruinas de una antigua caravana, donde la arena le enseñó a leer sus secretos: a cazar escorpiones gigantes, a encontrar agua en los cactus huecos y a esconderse de los depredadores que surcaban los cielos. Pronto, el instinto territorial de su sangre habló más alto. El desierto no era su enemigo, era su aliado. Su reino. Pero en aquellos años de soledad, hubo un descubrimiento que lo cambió todo. Explorando las ruinas donde había nacido, encontró un muro de piedra desgastado por el tiempo, cubierto de grietas y arena. Grabadas en la roca, había marcas que no entendía. Algo en su interior, un eco antiguo, le decía que aquellas formas significaban algo. Día tras día, volvía al muro. Observaba, comparaba, repetía los sonidos en su garganta hasta que, por primera vez, pronunció una palabra que no era un gruñido instintivo. Habló en draconido. El texto era fragmentario, órdenes olvidadas, nombres de tormentas. Pero al pie del muro, justo donde la arena había protegido la piedra de la erosión, encontró una inscripción más clara. Una sola palabra, grabada con una caligrafía distinta, más antigua y solemne. Pasó semanas descifrándola, sintiendo que aquellas letras eran un mensaje directo para ella, el único que jamás recibiría. DRAKARA. Cuando por fin entendió su significado, un escalofrío recorrió su espina dorsal: Reina de Escamas. No sabía si era su nombre, una profecía, o el título de quien había puesto aquel huevo. Pero decidió que sería las tres cosas. Aquella palabra se convirtió en su secreto, su ambición y su identidad. Era el primer y único regalo que sus ancestros le habían dado. Un día, el viento le trajo el sonido de una ciudad. Yan-Khal, un oasis de bullicio y comercio enclavado entre las rocas. Allí, la pequeña superviviente se encontró con un mundo nuevo. Pero no era un mundo de oportunidades honestas para una salvaje sin nombre. Fue en las sombras de los zocos donde un ladrón de medio pelo la descubrió acechando a un mercader. Vio en sus ojos la chispa de la astucia felina y el hambre de la bestia. Le ofreció un trato: comida y refugio a cambio de su destreza. Y resultó que su destreza era letal. Con una facilidad pasmosa, los dedos que habían desescamado peces de arena ahora vaciaban bolsas. Los ojos que habían seguido el rastro de un lagarto en la distancia ahora calculaban las rutas de las guardias. Su primer robo fue una bolsa de monedas; su primer asesinato, un mercader que la descubrió. No sintió remordimiento. Solo la satisfacción de haber sobrevivido una vez más. La sangre de dragón azul, territorial y orgullosa, no clamaba venganza; clamaba dominio. Y en su corazón, la palabra Drakara latía como una promesa. Su nombre, o la falta de él, pronto se convirtió en una leyenda susurrada en Yan-Khal. Nadie conocía su verdadero origen, así que comenzaron a llamarla "La Espina del Desierto" . No por cruel, sino por inevitable. Como una espina que se clava sin avisar. Unas docenas de bolsas vaciadas, media docena de nobles asesinados y un par de incendios "accidentales" después, su cabeza tenía un precio que ni ella podía creer. Toda la nación desértica la buscaba, y ese era su mayor logro. Pero la gloria local se volvió aburrida. Su ambición, tan vasta como los Páramos de Arena, necesitaba un lienzo más grande. Necesitaba más: más oro, más poder, más nombres que grabar en la historia. Quería que su leyenda cruzara océanos, no solo dunas. Quería hacerse digna del título que la esperaba grabado en piedra. Así que, una noche sin luna, se deslizó como una sombra entre las cajas de un navío mercante con destino a lo desconocido. Mientras el barco se alejaba de la costa y las luces de Yan-Khal se desvanecían en el horizonte, una sonrisa se dibujó en su rostro. No huía. Estaba cazando. Y el mundo, por fin, era lo suficientemente grande para que una Reina de Escamas reclamara su trono