elijo el microrelato
La noche del 31 de octubre, el colorido pueblo de San Miguel se transformó. La Catrina, elegante y luciendo su vestido bordado de encaje negro, decidió que este año los monstruos del mundo merecían una tregua de sustos. Con un silbido mágico, mandó colocar guirnaldas de violetas bajo la luna llena y encender cientos de velas aromáticas.
Pronto, los invitados empezaron a cruzar el gran arco de flores.
Al fondo, un gran cartel brillante coronaba la entrada con letras de colores: ¡Feliz Halloween!. La Catrina, con una sonrisa eterna y una copa en la mano, alzó la voz para dar la bienvenida a sus peculiares amigos. Por una sola noche, no hubo gritos de terror en el pueblo, sino risas, música y una fiesta tan viva que hasta los muertos envidiarían.